Salir del armario gracias a la red

Internet, la tecnología móvil y todos esos dispositivos que nos mantienen en línea durante todo el día han causado una verdadera revolución; realmente, nos han cambiado la vida, y la forma en que las sociedades interactúan y se comunican entre ellas. Hace un siglo eso era impensable, incluso hace cincuenta años ningún contemporáneo lo hubiera creído si se lo hubieran contado. Y es que estamos viviendo una época de globalización total, y lo único que debemos averiguar es si eso es una ventaja o una maldición.

Ya hemos visto cómo las nuevas tecnologías han sido un gran punto de apoyo para las mujeres lesbianas; ahora, también debemos pensar en cómo la tecnología ha ayudado al colectivo LGTB en su conjunto, y a los gays en particular. Porque si las mujeres homosexuales eran las menos tenidas en cuenta en este colectivo, con los hombres homo ocurría exactamente lo contrario: eran los más vilipendiados, insultados, discriminados y demonizados. Una de las acciones más horribles contra la homosexualidad, el crear leyes que la condenen a la pena de muerte, se ha cometido indistintamente en algunos países contra los hombres; y han sido los gays los que han tenido más difícil su lucha contra la sociedad. Por eso, el movimiento LGTB se reconoce en el día del «Orgullo Gay», una forma de reconocimiento bien merecido.

¿Y qué ha podido hacer la tecnología de redes por los sarasas? Para empezar, es capaz de conectar a gays de todo el mundo gracias a distintos métodos; los más conocidos, las redes sociales y las apps de contactos. Antes, las comunidades de maricas se formaban de tú a tú, cuando un conocido te hablaba de otro conocido, que hablaban entre ellos con ciertos códigos; y su punto de encuentro solían ser pubs o clubs privados, al que solo se accedía si se tenía recomendación de algún socio (a pesar de que esos locales estuvieran abiertos al público en general). Pero internet cambió todo eso, las personas pueden hablar abiertamente con otras al otro lado del globo, y declarar su sexualidad o su homosexualidad a otros con sus mismas preferencias; aunque claro, hay que contar con las censuras que ciertos países aplican sobre su territorio, que aunque en ocasiones limitan las libertades individuales, también intentan acotar ciertos comportamiento poco cívico, que poco tiene que ver con la opción sexual de las personas y más con conductas poco apropiadas.

Y otra cosa por la que han de agradecer a la red, es por el porno gay. Hasta la aparición de las webs porno, el acceder a pornografía homosexual era toda una odisea; por suerte, internet tuvo un auge junto a la revolución sexual del siglo pasado, y ahora, sitios webs como gaytube reciben miles de visitas de cibernautas a diario. El contenido de esta web es inmenso, y en su gran mayoría gratuito; el acceso está al alcance de cualquiera que quiera disfrutar de videos de sexy gay; y ciertas estadísticas demuestran que no solo son los homosexuales los que disfrutan de este tipo de contenido porno…

Claro que toda esta exposición en línea puede llegar a tener un coste para el coelctivo LGTB. Aunque la lucha por los derechos de los homosexuales ya tiene larga data y ha conseguido muchos objetivos, aún quedan mucho para conseguir una total normalización y aceptación por la sociedad; y, por desgracia, estas carencias se notan mucho más en internet, donde la falta de reglas (o la problemática para aplicarlas) puede dar lugar no solo a situaciones desagradables, sino incluso merecedoras de ser consideradas como condenables incluso con la ley en la mano. Por supuesto, la visibilidad online es una buena cosa; pero la sobre exposición pueda dar luegar a ciertos peligros de internet de los que pocos, la verdad, nos podemos llegar a librar completamente.